C I R E S

CENTRO DE INVESTIGACION DE RESILIENCIA Y ESPIRITUALIDAD

Aportes desde la Psicología

 

Atisbos a la Resiliencia          

 

La adversidad, históricamente, siempre ha estado presente en la vida humana, por tanto, hacerse cargo de este tema, teórica y prácticamente, en especial desde las disciplinas vinculadas al desarrollo humano y social, es algo básico para su relevancia y pertinencia en los ámbitos del conocimiento que les compete.

 

La Resiliencia como concepto reciente en el campo de las ciencias sociales y médicas, ha abordado esta temática fundamental (la de la adversidad y su afrontamiento), pero principalmente ha permitido el desarrollo de una nueva perspectiva dentro de los campos de la salud humana que se diferencia del enfoque que ha sido característico en campos como los de la medicina, en general, y la neurología, la psiquiatría y la psicología, en particular, facilitando así un abordaje centrado en salud, en los recursos y la prevención (Cf. Cowen, 1991; 1994; Knitzer, 2000a, 2000b, Luthar, Cicchetti y Becker, 2000; Rutter, 2000; Werner, 2000, Hartman y Winsler, 2005).

 

 

El concepto de Resiliencia

 

A qué nos referimos cuando hablamos de Resiliencia. La palabra Resiliencia (que en este ensayo emplearemos con mayúscula) proviene de la física, puntualmente de la Ingeniería. Es un concepto que se usa para definir la capacidad de ciertos materiales para recuperar su estructura original luego de haber sufrido un impacto que los deformó. En el ámbito de la salud, la psicología y las ciencias sociales, el concepto es empleado (en las últimas décadas) como la capacidad de los sujetos e incluso de los grupos sociales de resignificar situaciones adversas a partir de la creación de posibilidades de salida de las mismas, a estados, incluso, de mayor bienestar que los previos al trauma o condición desfavorable (Cf. Ramognini, 2008).

 

Veamos con una clara ilustración lo que implica la Resiliencia:

 

“El señor G es apicultor. Está casado y tiene cuatro hijos. Él y su mujer reciben a jóvenes con dificultades. Una vida hermosa pero para nada extraordinaria. Dejemos por un momento al señor G. Miremos ahora el caso del pequeño T, abandonado por su madre a la edad de tres años, atado a un poste al costado de la ruta. Encontrado por los gendarmes fue colocado en casa de su padre quien lo castigó salvajemente. El cuerpecito de T está verdaderamente quebrado. Se necesitaron dos años de hospital antes que T pudiera caminar de nuevo. Luego se embarca en un recorrido de familias sustitutas, instituciones, fugas, criminalidad, violencia: en una palabra, el niño que tuvo un comienzo imposible en la vida y que no logra reponerse. Sin embargo, el señor G y el pequeño T son la misma persona. El pequeño T Llegó a ser el señor G.” (Vanistendael, 2003, p. 11).

 

La Resiliencia nos habla de la esperanza frente a lo desastroso, de la esperanza ante el sufrimiento y la adversidad. También nos habla de la desconfianza en la cronicidad del mal. Nos permite instalarnos por sobre una ingenua, ilusoria y lábil confianza en un futuro mejor, situándonos ante la posibilidad de una seria esperanza, “encontramos un realismo positivo, más allá del cinismo sofocante, más allá de las ilusiones decepcionantes. Según la hermosa fórmula del profesor Friedrich Lösel de la Universidad de Nürnberg-Erlangen, la Resiliencia nos hace re-descubrir una esperanza realista” (Vanistendael, 2003, p. 5).

 

Se han desarrollado una gran cantidad de definiciones de este concepto, dentro de las cuales podemos destacar las siguientes (Cf. Kotliarenco, et al., 1997, pp. 5-10; Buitrago  y Restrepo,  2006, pp. 12-24; Yates y Luthar, 2009):

 

Grotberg, 1995: Capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e inclusive, ser transformados por ellas.

Luthar, et al. 2000: Proceso dinámico que tiene por resultado la adaptación positiva en contextos de gran adversidad.

Vanistendael, 1994, 2003: Se distinguen dos componentes: la resistencia frente a la destrucción, es decir, la capacidad de proteger la propia integridad, bajo presión y, por otra parte, más allá de la resistencia, la capacidad de forjar un comportamiento vital positivo, pese a las circunstancias difíciles. Una definición pragmática: la resiliencia es la capacidad de una persona o de un sistema social para desarrollarse y crecer en presencia de grandes dificultades. Constituye un proceso continuo durante toda la vida, en una interacción permanente entre la persona (o el sistema social) y su entorno.

Hartman y Winsler, 2005: Capacidad de prosperar como individuo, a pesar de estar expuesto a graves y adversas circunstancias de vida, situaciones de estrés y riesgos.

Finamore, 2008: Es la capacidad de sobrevivir y de prosperar ante las experiencias de estrés, unido al desarrollo de capacidades de protección para enfrentar las dificultades futuras.

Yates y Luthar, 2009: Proceso de desarrollo dinámico en el que el individuo es capaz de utilizar los recursos dentro y fuera de sí para negociar los desafíos actuales de manera adaptativa y, por extensión, para desarrollar una base sobre la cual apoyarse cuando se producen desafíos futuro.

 

 

Algo de historia respecto a la Resiliencia

 

Aunque las experiencias de Resiliencia y conceptos afines a ella, han existido durante toda la historia de la humanidad, el estudio académico de la Resiliencia se remonta a la investigación pionera de Norman Garmezy con hijos de esquizofrénicos durante los años 1960 y 1970. En estos estudios, que buscaban investigar la etiología y el pronóstico de la psicopatología grave, Garmezy (1974) encontró que entre estos niños en alto riesgo de psicopatología, había un subgrupo que tenía patrones de adaptación sorprendentemente sanos. Garmezy y sus colegas trataron de identificar los factores asociados con su inusual bienestar sobresaliente, considerando en especial el hecho que estos casos solían ser no considerados por su excepcionalidad en la mayoría de las investigaciones hasta ese entonces, lo cual significó un importante cambio de enfoque para la época, al poner la atención en los resultados positivos y en los factores protectores, especialmente en el contexto de vidas sumidas en la adversidad.


Anthony (1974) en la misma línea del trabajo que Garmezy, describe un conjunto de niños que el llama "invulnerables", los cuales se mostraban resistentes a ser envueltos en la psicopatología de sus padres, manteniendo una actitud incluso compasiva hacia ellos. Rutter (1979) observó ciertos rasgos comunes en estos niños, tales como una gran creatividad, eficacia y competencia. Murphy y Moriarty (1976), observan en los jóvenes resilientes también varios atributos en común, como el carisma social y la habilidad para relacionarse bien con otros, la capacidad de experimentar una gama de emociones, así como la habilidad de regular la expresión de estas emociones.


Uno de los hitos históricos más relevante en el estudio de la Resiliencia corresponde a las investigaciones realizadas por Emmy Werner, quien estudió a niños en situación de alto riesgo en la isla hawaiana de Kauai. El estudio longitudinal se inició en 1954 con una cohorte de todos los embarazos conocidos en la isla, con varias evaluaciones de seguimiento que continúan hasta la actualidad (Werner y Smith, 1982, 1992, 2001). Los primeros informes sobre este grupo demostró que los niños presentaban condiciones de pobreza extrema, mala calidad en el medio de cuidado que tenían y una notoria inestabilidad y desorganización familiar. Los principales factores protectores encontrados que distinguía a los niños de mayor con los de menor adaptación incluía: lazos afectivos con la familia, sistemas de apoyo informal fuera del hogar y los atributos personales, como la sociabilidad.

En la década de 1980 destacaron los aportes académicos de Garmezy, Masten y Tellegen (1984) y de Michael Rutter (1987), quienes por medio de sus investigaciones entregaron pautas metodológicas y conceptuales en cuanto al estudio de la Resiliencia.

 

Especialmente, a principios de la década de 1990 se dieron varios cambios en los enfoques conceptuales en torno al estudio de este constructo. En los primeros estudios en esta área, el esfuerzo se puso en la identificación de las cualidades personales de los niños resilientes, tales como la autonomía o la confianza en sí mismos. Con el avance de los estudios  los investigadores reconocieron que la adaptación flexible a menudo podía estar relacionada más directamente con factores externos al niño. Se presentaron, por tanto, tres conjuntos de factores implicados en el desarrollo de la Resiliencia: a) atributos de los propios niños, b) aspectos de sus familias, y c) características de sus entornos sociales más amplios (Garmezy, 1987; Rutter, 1987; Werner y Smith, 1982 , 1992). Otro cambio importante que afectó los futuros estudios, enfoques y aplicación del concepto de Resiliencia fue el reconocimiento de que la adaptación positiva a pesar de la adversidad nunca es permanente (como condición estable en el individuo), sino más bien, existe una dinámica continua en el desarrollo de nuevas vulnerabilidades y de nuevos puntos fuertes con el cambio de circunstancias de la vida (Garmezy y Masten, 1986; Werner y Smith, 1982). Además existiría una cierta especificidad en la Resiliencia, pues los investigadores advirtieron que niños en riesgo pueden mostrar fortalezas notables en algunas áreas, pero al mismo tiempo, déficit notables en otras (Luthar, et. al, 1993).

 

En la presente década del principio de siglo se observa un creciente y masivo interés por el tema de la Resiliencia, aunque se está cuestionando la rigurosidad metodológica y conceptual en el estudio y aplicación de este relevante constructo (Luthar, 2006).

 

 

Descripción de los/as resilientes

 

Edith Grotberg (1997) formuló un modelo donde es posible caracterizar a una persona resiliente (específicamente niños). Se han elaborado escalas de medición de la Resiliencia (Saavedra y Villarta, 2008; Saavedra y Castro, 2009) empleando el modelo de Grotberg, el cual describe a través por medio de expresiones tales como: “Yo tengo”, “Yo soy”, “Yo estoy”, “Yo puedo”, las características propias de las/los resilientes, como son la autoestima, la confianza en sí mismo y en el entorno, la autonomía y la competencia social.

 

Empleando como una clara síntesis de las condiciones personales e interpersonales que presentan las/los resilientes (y que pueden considerarse, a su vez, como una fuente generadora de Resiliencia), citamos a continuación las verbalizaciones del modelo de Grotberg (Munist, et al., 1998, pp. 22-23):

 

 

TENGO

• Personas alrededor en quienes confío y quienes me quieren incondicionalmente.

• Personas que me ponen límites para que aprenda a evitar peligros o problemas.

• Personas que me muestran por medio de su conducta la manera correcta de proceder.

• Personas que quieren que aprenda a desenvolverme solo.

• Personas que me ayudan cuando estoy enfermo o en peligro o cuando necesito aprender.

 

SOY

• Una persona por la que los otros sienten aprecio y cariño.

• Feliz cuando hago algo bueno para los demás y les demuestro mi afecto.

• Respetuoso de mí mismo y del prójimo.

• Capaz de aprender lo que mis maestros me enseñan.

• Agradable y comunicativo con mis familiares y vecinos.

 

ESTOY

• Dispuesto a responsabilizarme de mis actos.

• Seguro de que todo saldrá bien.

• Triste, lo reconozco y lo expreso con la seguridad de encontrar apoyo.

• Rodeado de compañeros que me aprecian.

 

PUEDO

• Hablar sobre cosas que me asustan o me inquietan.

• Buscar la manera de resolver mis problemas.

• Controlarme cuando tengo ganas de hacer algo peligroso o que no está bien.

• Buscar el momento apropiado para hablar con alguien o para actuar.

• Encontrar a alguien que me ayude cuando lo necesito.

• Equivocarme y hacer travesuras sin perder el afecto de mis padres.

• Sentir afecto y expresarlo.

 

 

Se presenta a continuación la una síntesis que hemos realizado en torno al concepto de recurso, que intenta integrar un número significativo de aspectos que están presentes en las personas que podemos definir como resilientes. (Cuadro 1, Cf. Kotliarenco, et al., 1997, 1999; Munist, et al., 1998; Vanistendael, 1994; Vanistendael y Lecomte, 2002; Cyrulnik, 2001, 2002, 2003, 2007; Lyon, 2005; Yates y Luthar, 2009):

 

Cuadro 1:

 

 RECURSOS DE LA PERSONA RESILIENTE

 

A.-  RECURSOS PERSONALES:

B.-   RECURSOS INTERPERSONALES:

A.1.- Biológicos:

·    Necesidades fisiológicas satisfechas (alimentación, abrigo, sueño, salud, etc.)

 

B.1.- Básicos:

·    Instancias suficientes para la satisfacción de necesidades fisiológicas (alimentación, abrigo, sueño, salud, etc.)

 

A.2.- Afectivos:

·       Autoestima

·       Buen humor

·       Vivencia del estrés y su enfrentamiento con significación subjetiva positiva

 

B.2.- De personas específicas:

·    Relación de aceptación incondicional y de apoyo con al menos una persona (vínculo significativo)

·    Expresión de expectativas altas y positivas hacia ellos

 

A.3.- Cognitivos:

·    Creatividad

·    Dominio de estrategias de adaptación y resolución de conflictos

B.3.- Del medio social:

·       Redes de contactos informales: familia, amigos, vecinos, iglesia, etc.

·       Oportunidad de participación y contribución significativa al medio social

A.4.- Espirituales/Existenciales:

·    Capacidad de descubrir sentido y coherencia vital

·    Sentido de trascendencia

·    Sentido de propósito y de futuro

·    Sistema de creencias o fe flexibles

 

·       Acceso a relaciones con los modelos adultos positivos en una variedad de contextos extrafamiliares

·       Clima educacional/laboral  abierto, contenedor y con límites claros.

AB.- Relacionales:

·   Autonomía

·   Competencias y habilidades sociales

·   Sentido de pertenencia

·   Iniciativa para establecer vínculos significativos

 

 

 


Fuente de esta sección:

Cruz-Villalobos, L. (2009). ¿Constructores de Resiliencia? Santiago de Chile: CIRES.